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Bolivia. Lecciones para la izquierda peruana II

Publicado en Diario Uno, Lunes 18 de Noviembre de 2019

Carlos Monge

Publicado: 2019-11-18

Sostuve en mi columna anterior que una lección central de la reciente experiencia boliviana es que la izquierda peruana debe construir liderazgos múltiples y asumir que la alternancia en el gobierno es algo inherente a la democracia. Propongo ahora algunas otras.  

Primero, debemos afirmar la soberanía sobre los recursos naturales. El gobierno del MAS migró los contratos de concesión de los hidrocarburos a contratos de servicios, aumentó la participación de la estatal YPFB, y aumentó los impuestos pagados por las empresas privadas. El resultado fue un gran aumento de los ingresos púbicos para políticas redistributivas y gasto público social y en infraestructura.

Segundo, debemos diversificar la economía para superar la dependencia respecto de la exportación de materias primas para el crecimiento y la generación de rentas púbicas. El ciclo de precios altos de los hidrocarburos y los minerales significó crecimiento y caída de la pobreza, pero ambos bajaron cuando los precios cayeron a partir del 2011 (minerales) y del 2015 (hidrocarburos), frustrando expectativas de sectores emergentes y haciendo más evidente la desigualdad.

Tercero, debemos derrotar a la derecha política. Después de un período inicial de conflicto con la elite terrateniente agro exportadora de la Media Luna (departamentos de Santa Cruz, Beni y Pando), Morales no la derrotó sino que negoció con ella, cancelando la reforma agraria a cambio de inversión, pago de impuestos y estabilidad política. El arreglo funcionó mientras Morales estuvo fuerte y en control, pero apenas pudieron los sectores fascistas de esa elite política se lanzaron a llenar el vacío de poder dejado por su renuncia.

Cuarto, debemos afirmar los derechos de los pueblos indígenas al territorio, la autonomía y la consulta previa. La Constitución Política define a Bolivia como una República Plurinacional y reconoce las Autonomías Indígena Originario Campesinas. Pero en la práctica esta autonomía y estos territorios –como también las Áreas Naturales Protegidas- han sido vulneradas pues el gobierno central prioriza la exploración por hidrocarburos, las vías de comunicaciones y la expansión de la frontera agroindustrial. Concesiones para hidrocarburos en Madidi (nuestro Bahuaja Sonene), carreteras en el TIPNIS, reducción de la consulta una negociación por compensaciones, quemas de bosques en la Chiquitanía, así lo atestiguan.

Quinto, debemos democratizar la política y la sociedad. El gobierno del MAS ha afirmado los derechos de los pueblos indígenas al poder político, sus identidades y sus culturas, reclamando respeto del resto de la sociedad. La reacción racista de amplios sectores sociales -no solo la elite de la Media Luna- nos dice que derrotar la discriminación en la sociedad no se resuelve con derrotarla en la política.

Sexto, debemos afirmar la autonomía de los movimientos sociales y afirmar el trabajo político en la sociedad y no solamente en o desde el Estado. Ciertamente, algunas organizaciones sociales han apoyado consistentemente al gobierno del MAS. Pero es también cierto que desde el gobierno, el MAS promovió la división, captura, cooptación de gremios populares que tomaron distancia de sus políticas (CIDOB, CONAMAQ,). Algunos sectores llegaron a enfrentarse abiertamente al gobierno (marcha indígena en defensa del TIPNIS, reciente lucha social rechazando contrato con empresa alemana para explotar el litio en Potosí), otros negociaron violentamente sus intereses (cooperativistas mineros) y varios se inclinaron por la renuncia de Morales como parte de la salida a la crisis (sectores de CSUTCB, la COB) y no tanto por la defensa de su cuestionada elección. Muchos de ellos se han reagrupado hoy en la resistencia contra el fascismo encarnado por líderes como Luis Fernando Camacho y la auto-proclamada presidenta Jeanine Áñez, pero eso no cambia la compleja relación de que tuvieron con Morales y el gobierno del MAS.

Séptimo, debemos representar también los intereses de la juventud y los sectores urbanos emergentes. Una de las consecuencias del crecimiento sostenido y la caída de la pobreza es la emergencia desde el mundo popular de nuevos sectores empresariales y medios y de una juventud urbana que tienen sus propias agendas, valores y maneras propias de entender la política. Desde la izquierda no se puede pretender ganar y peor gobernar sin tenerlos en cuenta.

Una izquierda peruana en el gobierno enfrentará estos mismos retos. Hay que mirar la experiencia del gobierno del MAS en Bolivia y sacar las lecciones del caso. Mientras tanto, toda mi solidaridad con el pueblo boliviano que hoy resiste al poder en manos de fuerzas abiertamente fascistas. Espero que nuevas elecciones totalmente libres y democráticas permitan la derrota política de este sector que quiere regresar a Bolivia a oscuros tiempos que creíamos ya superados.


Escrito por

Carlos Monge

Antropólogo e Historiador. Fanático del Alianza Lima y socialista empedernido. Enamorado de Leda, Lucía, Camilo, Frida y León.


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