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Tantas veces Kenji

Publicado en Diario Uno, 30 de Octubre de 2017

Carlos Monge

Publicado: 2017-10-02

Al momento de escribir estas líneas, Kenji Fujimori está nuevamente en el centro de la tormenta fujimorista, sometido a disciplina por manifestarse públicamente de manera diferenciada y hasta critica de su bancada y –en consecuencia- a su hermana Keiko, “la lideresa”. Pero en esta oportunidad el tono de la confrontación ha escalado, con importantes voces de la bancada naranja hablando abiertamente de expulsión mientras el benjamín de los Fujimori protestaba tapándose la boca con gutapercha.  

Al momento de escribir estas líneas no se sabe cuál será el desenlace de este nuevo enfrentamiento. Si lo expulsan, no sabemos tampoco si querrá o podrá formar una nueva bancada y si querrá o podrá formar un nuevo partido. Por lo pronto, él dice que se atrincherará en Fuerza Popular. Ya veremos. Mientras tanto, algunas reflexiones.

Esta parece ser una bronca en serio, y no una estrategia fríamente calculada del fujimorismo para posicionar dos alternativas en el escenario y apostar al final por aquella que tenga mejores oportunidades rumbo al 2021. Al parecer la cosa vine de tiempo atrás (rivalidad entre hermanos/hermanas) y se agrava por la decisión de Keiko de dar prioridad a ser Presidenta por en lugar de priorizar la libertad de su padre.

Su estrategia de posicionamiento político frente al gobierno –que puede indultar a su padre – y la opinión pública –a quien desagrada el constante enfrentamiento entre el Congreso y el Ejecutivo- lo ha llevado a ofrecerse como la cara amable, dialogante y políticamente responsable del fujimorismo, frente a la agresividad, grosería e irresponsabilidad de Keiko, Becerril, Galarreta, Alcorta, Chacón y demás integrantes de la barra brava fujimorista. “Una Sola Fuerza” con Nancy Lange en Palacio de Gobierno; voto discrepante de su bancada en las censuras ministeriales; visita personal a PPK con nostálgico tour de palacio incluido; y sucesivas declaraciones resaltando la importancia del dialogo frente al enfrentamiento, son expresión de esta estrategia. Y le está dando frutos, pues es hoy el segundo político con mayor respaldo en todas las encuestas.

Buscando un perfil propio, Kenji además se ha pronunciado en favor de los derechos de las mujeres y de la población LGTBIQ+ y discrepando de campañas como las “con mis hijos no te metas”. Y ha llegado incluso a definir a Fuerza Popular como un “partido liberal”. En una bancada de conservadurismo ultramontano y con presencia de sectores evangélicos fundamentalistas, estas declaraciones sacan más de una roncha.

La más reciente de estas digresiones liberales es su propuesta legislativa de volver al Congreso Bicameral, tema muy sensible para el fujimorismo pues fue su padre el que –mediante la Constitución del 93- impuso el régimen unicameral, para un control más fácil (chantajes y sobornos por medio) y una aprobación más expeditiva de sus propuestas legislativas, sin dar espacio para un debate sustantivo de sus propuestas normativas y políticas.

Finalmente, Kenji también ha buscado posicionarse como una alternativa programática diferente, levantando una propuesta de masiva inversión en siembra de agua y forestación para sentar las bases un desarrollo que debería ser económica y ambientalmente más sostenible y más socialmente inclusivo que el liderado por la minería.

Entonces, ¿estamos frente al nacimiento de un nuevo líder liberal en lo político y heterodoxo frente al neoliberalismo extractivista que su padre nos legó y que los que le siguieron continuaron? Tampoco, tampoco, como diría el mismo Kenji.

De hecho, su argumentación en favor del retorno de la unicameralidad está plagada de las mismas mentiras con las que su padre justifico el cierre del Congreso en el 92 (fue culpa de la oposición política que quería paralizar al país) o la eliminación de la bicameralidad (era necesario gobernar de manera más ejecutiva para sacar adelante las reformas económicas y derrotar al terrorismo). Propone hoy un cambio pero sigue justificando lo que en su momento fue un paso clave para consolidar un régimen cívico militar corrupto y violador de derechos humanos.

En relación a su propuesta programática, es bueno recordar que consiste básicamente en replicar el programa de forestación y siembra de agua que implemento su padre vía el PRONAMACH y con Absalón Vásquez de operador político, y que fue un instrumento más del intenso clientelaje político de esos años. Màs aún, quien hoy día promueve abiertamente esta propuesta –y a Kenji mismo- es Ismael Benavides, empresario interesado en replicar el modelo de forestación comercial chilena en manos de grandes inversionistas como el propio Benavides. Y es bueno recordar que Benavides no es nuevo en estas cosas, pues el quien -en su condición de Ministro de Agricultura de Alan García- impulso las llamadas “leyes de la selva” que promovían el ingreso de grandes inversionistas privados en las tierras de las comunidades nativas. Como se sabe, la imposición de estas normas generó las dos grandes huelgas amazónicas que culminaron en el Baguazo del 2009, con su treintena de muertes.

Que nadie se engañe. No hay acá ningún interés en sacar a la población rural de la pobreza ni en sentar las bases de su desarrollo productivo, sino en abrir las tierras comunales a las grandes inversiones privadas.

Finalmente, la propuesta política inmediata de Kenji se reduce a sacar a su padre de la cárcel para que asuma su rol de liderazgo en el fujimorismo, colocándose el mismo como heredero de la dinastía. Keiko es ciertamente una lideresa autoritaria que maneja de manera vertical su partido y su bancada. Pero la alternativa de Kenji no resulta mucho más institucional ni mucho más democrática. No hay acá una apuesta por hacer del fujimorismo una opción democrática sino por la sucesión en una dinastía esencialmente autoritaria. No nos dejemos confundir.


Escrito por

Carlos Monge

Antropólogo e Historiador. Fanático del Alianza Lima y socialista empedernido. Enamorado de Leda, Lucía, Camilo, Frida y León.


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